viernes, 6 de septiembre de 2019

¿Cómo defendemos a un cliente inocente?


A los abogados se le presenta el dilema de defender a un culpable, son múltiples los complejos y prejuicios de carácter ético-moral que presionan su decisión de defender a un cliente culpable e incluso existe la presión social y hasta familiar que hace contrapeso al juicio de valor sobre la decisión de defender a su cliente ante el inicio de un proceso penal a sabiendas de conocer su responsabilidad en el hecho.
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Pero no es ese el tema objeto de este artículo, ya muchos autores han comentado de una forma más profunda sobre cómo resolver el dilema anteriormente mencionado.
Hoy, quiero comentarte acerca de una situación qué ocurre en el tratamiento de la relación cliente-abogado y es la defensa de un cliente inocente. Esta defensa parte de un principio el cual juramos todo los abogados defender al inicio de nuestra carrera, siendo este la búsqueda de la justicia a través del ejercicio de nuestro labor legal con profesionalismo, dedicación, esfuerzo e inteligencia, qué en conjunto con un profundo sentimiento humano y con una conducta ética y moral, se garantizara lo mejor de nuestra defensa legal que tiene como destino  la justicia durante el proceso penal que se propone asumir en favor de los intereses de nuestro defendido.
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Pero ¿este tema es también importante? lo es, porque amerita que el abogado ejerza labores de carácter pedagógico  y educativo a través de una comprensión profunda sobre el conflicto interno de nuestro cliente, ya que al encontrarse con la conciencia de ser inocente del hecho que se le atribuye y ante el desconocimiento de las leyes y del sistema de justicia penal, el considera que el sistema debe reconocerlo así desde el primer momento y ser exculpado, de hecho parten del refrán de “quien no la debe, no la teme” ante cualquier señalamiento de algún órgano de investigación policial o del Fiscal del Ministerio Publico que asume su caso y lo imputa. De hecho, el cliente quiere presentarse voluntariamente desde el primer momento a declarar ante el tribunal o si amerita el caso, ante el organismo policial, sin ninguna asesoría previa y esta situación no siempre termina con los resultados positivos esperados.
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La realidad del sistema de justicia , cuyas injusticias y desigualdades son el objetivo de lucha moral y profesional por un pequeño grupo de funcionarios públicos, abogados y usuarios, no es suficiente para terminar de erradicar los vicios implementados por una mayoría de funcionarios públicos con enfermedades graves de ignorancia, irresponsabilidad y corrupción,  que han pervertido el sentido de las leyes y los principios Republicanos para usar un sistema de justicia en favor de unos pocos, para obtener dinero y que implementan un sistema inquisitivo del cáncer de “presunción de culpabilidad” usan como norma la privación de libertad para apuntar con la decisión de “eres culpable” a todo aquel inocente que por mala suerte se encuentra inmerso en una investigación de la cual no tiene responsabilidad o si la tiene no se le debe imponer como pena el hecho de atravesar un proceso penal privado de libertad, sin garantías procesales de respeto de lapsos legales , presunción de inocencia y derecho a la defensa.
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Mi recomendación es enfocarse como abogado desde la asesoría pedagógica, con vocación educadora y demostrar él ¿por qué? se hace necesario hacerle entender al defendido cada etapa del proceso legal (que en ocasiones se retrasa más allá de lo establecido por ley) para garantizar su derecho a la defensa y demostrar su inocencia para obtener un sobreseimiento o una sentencia absolutoria, si del caso ha surgido la necesidad de ser dilucidado en juicio oral y público. 
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La verdad, si hay desesperación del cliente y hay mucha más si se encuentra tras las rejas, pero nuestro éxito pasa por convertir la desesperación y presión que nos trasmite nuestro defendido en motivación e inteligencia en el ejercicio de su defensa.  
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Esta labor de convertirte hasta en educador de tu cliente, se presenta mucho más difícil cuando el se considera inocente y lo es, a diferencia cuando tratamos con uno culpable y lo sabe, que por sus experiencias previas lo hacen conocer el sistema de justicia y ya tiene su costumbre para confrontarlo.
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Una vez, habiendo educado a tu cliente, más para garantizar su tranquilidad que por la responsabilidad de asesorarlo, viene también la labor de una defensa de forma y fondo ante el juzgado y fiscalía que lo imputa así como organismos  de investigación policial, los cuales tienen  lamentablemente como norma enfrentar con la dureza de la justicia a todo aquel que se enfrente a ellos con la premisa convertida en cliché de “mi cliente es inocente”. Pero incluso debemos defender que nuestra intención no es imponer nuestra teoría del caso solo para justificar nuestros honorarios profesionales, si no también hacerles entender que nuestro cliente, es su primera vez que se somete a un proceso penal y las consideraciones no son contra ley, ni pide un trato diferente a los demás, todo lo contrario, solo se solicita el tratamiento referente al respeto del debido proceso, la dignidad humana y los derechos humanos que lo amparan.
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Finalmente solo puede terminar nuestra defensa con dos escenarios: La absolución de los cargos en contra de nuestro cliente por parte del juez  o el fiscal, o el veredicto culpable imponiéndole una condena. Ante cualquiera de los escenarios posibles, el primero es el más gratificante y es el resultado de todo el esfuerzo, inteligencia, estrategia y dedicación como abogado durante un proceso penal, pero, el segundo, es agrio, difícil pero posible, ante esa realidad también debemos ser responsables y explicarle a nuestro cliente su situación así como los recursos y fases posibles a futuro para revertir esa sentencia y demostrarle que aún la batalla legal no termina, de ahí en adelante que nuestro defendido tome su decisión de continuar con su abogado o cambiarte por uno nuevo.
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Es inevitable que algunos clientes crean que contrataron al peor abogado del mundo, incluso hasta te lo pueden decir molestos, pero ya esas respuestas no las controlamos, solo podemos hacer un examen honesto de cómo fue nuestra actuación como defensores y aceptar los errores si los hubiere pero también reconocer el esfuerzo y las batallas ganadas durante el proceso. Nuestra satisfacción a veces es interna y nos recuerda cual es nuestra obligación, siendo la de ofrecer los medios y cumplir con ellos pero nunca ofrecer los resultados que son ajenos a nuestro oficio honesto de la profesión.
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En fin, la defensa de un inocente también es importante, así que paciencia, honestidad, responsabilidad, inteligencia, profesionalismo y respeto a quien defendemos, lo demás que ocurra es parte del mundo único, increíble e impredecible del derecho.
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