A los abogados se le
presenta el dilema de defender a un culpable, son múltiples los complejos y
prejuicios de carácter ético-moral que presionan su decisión de defender a un
cliente culpable e incluso existe la presión social y hasta familiar que hace
contrapeso al juicio de valor sobre la decisión de defender a su cliente ante
el inicio de un proceso penal a sabiendas de conocer su responsabilidad en el
hecho.
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Pero no es ese el tema
objeto de este artículo, ya muchos autores han comentado de una forma más
profunda sobre cómo resolver el dilema anteriormente mencionado.
Hoy, quiero comentarte
acerca de una situación qué ocurre en el tratamiento de la relación cliente-abogado
y es la defensa de un cliente inocente. Esta defensa parte de un principio el
cual juramos todo los abogados defender al inicio de nuestra carrera, siendo
este la búsqueda de la justicia a través del ejercicio de nuestro labor legal
con profesionalismo, dedicación, esfuerzo e inteligencia, qué en conjunto con
un profundo sentimiento humano y con una conducta ética y moral, se garantizara
lo mejor de nuestra defensa legal que tiene como destino la justicia durante el proceso penal que se
propone asumir en favor de los intereses de nuestro defendido.
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Pero ¿este tema es
también importante? lo es, porque amerita que el abogado ejerza labores de carácter
pedagógico y educativo a través de una
comprensión profunda sobre el conflicto interno de nuestro cliente, ya que al
encontrarse con la conciencia de ser inocente del hecho que se le atribuye y
ante el desconocimiento de las leyes y del sistema de justicia penal, el
considera que el sistema debe reconocerlo así desde el primer momento y ser
exculpado, de hecho parten del refrán de “quien no la debe, no la teme” ante
cualquier señalamiento de algún órgano de investigación policial o del Fiscal
del Ministerio Publico que asume su caso y lo imputa. De hecho, el cliente
quiere presentarse voluntariamente desde el primer momento a declarar ante el
tribunal o si amerita el caso, ante el organismo policial, sin ninguna asesoría
previa y esta situación no siempre termina con los resultados positivos
esperados.
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La realidad del sistema
de justicia , cuyas injusticias y desigualdades son el objetivo de lucha moral
y profesional por un pequeño grupo de funcionarios públicos, abogados y
usuarios, no es suficiente para terminar de erradicar los vicios implementados por
una mayoría de funcionarios públicos con enfermedades graves de ignorancia,
irresponsabilidad y corrupción, que han pervertido
el sentido de las leyes y los principios Republicanos para usar un sistema de
justicia en favor de unos pocos, para obtener dinero y que implementan un
sistema inquisitivo del cáncer de “presunción de culpabilidad” usan como norma
la privación de libertad para apuntar con la decisión de “eres culpable” a todo
aquel inocente que por mala suerte se encuentra inmerso en una investigación de
la cual no tiene responsabilidad o si la tiene no se le debe imponer como pena
el hecho de atravesar un proceso penal privado de libertad, sin garantías
procesales de respeto de lapsos legales , presunción de inocencia y derecho a la defensa.
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Mi recomendación es enfocarse
como abogado desde la asesoría pedagógica, con vocación educadora y demostrar él
¿por qué? se hace necesario hacerle entender al defendido cada etapa del
proceso legal (que en ocasiones se retrasa más allá de lo establecido por ley)
para garantizar su derecho a la defensa y demostrar su inocencia para obtener
un sobreseimiento o una sentencia absolutoria, si del caso ha surgido la
necesidad de ser dilucidado en juicio oral y público.
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La verdad, si hay desesperación
del cliente y hay mucha más si se encuentra tras las rejas, pero nuestro éxito
pasa por convertir la desesperación y presión que nos trasmite nuestro
defendido en motivación e inteligencia en el ejercicio de su defensa.
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Esta labor de convertirte
hasta en educador de tu cliente, se presenta mucho más difícil cuando el se
considera inocente y lo es, a diferencia cuando tratamos con uno culpable y lo
sabe, que por sus experiencias previas lo hacen conocer el sistema de justicia
y ya tiene su costumbre para confrontarlo.
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Una vez, habiendo educado
a tu cliente, más para garantizar su tranquilidad que por la responsabilidad de
asesorarlo, viene también la labor de una defensa de forma y fondo ante el
juzgado y fiscalía que lo imputa así como organismos de investigación policial, los cuales tienen lamentablemente como norma enfrentar con la
dureza de la justicia a todo aquel que se enfrente a ellos con la premisa
convertida en cliché de “mi cliente es inocente”. Pero incluso debemos defender
que nuestra intención no es imponer nuestra teoría del caso solo para
justificar nuestros honorarios profesionales, si no también hacerles entender
que nuestro cliente, es su primera vez que se somete a un proceso penal y las
consideraciones no son contra ley, ni pide un trato diferente a los demás, todo
lo contrario, solo se solicita el tratamiento referente al respeto del debido
proceso, la dignidad humana y los derechos humanos que lo amparan.
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Finalmente solo puede
terminar nuestra defensa con dos escenarios: La absolución de los cargos en
contra de nuestro cliente por parte del juez
o el fiscal, o el veredicto culpable imponiéndole una condena. Ante cualquiera
de los escenarios posibles, el primero es el más gratificante y es el resultado
de todo el esfuerzo, inteligencia, estrategia y dedicación como abogado durante
un proceso penal, pero, el segundo, es agrio, difícil pero posible, ante esa
realidad también debemos ser responsables y explicarle a nuestro cliente su situación
así como los recursos y fases posibles a futuro para revertir esa sentencia y
demostrarle que aún la batalla legal no termina, de ahí en adelante que nuestro
defendido tome su decisión de continuar con su abogado o cambiarte por uno
nuevo.
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Es inevitable que algunos
clientes crean que contrataron al peor abogado del mundo, incluso hasta te lo
pueden decir molestos, pero ya esas respuestas no las controlamos, solo podemos
hacer un examen honesto de cómo fue nuestra actuación como defensores y aceptar
los errores si los hubiere pero también reconocer el esfuerzo y las batallas
ganadas durante el proceso. Nuestra satisfacción a veces es interna y nos
recuerda cual es nuestra obligación, siendo la de ofrecer los medios y cumplir
con ellos pero nunca ofrecer los resultados que son ajenos a nuestro oficio
honesto de la profesión.
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En fin, la defensa de un
inocente también es importante, así que paciencia, honestidad, responsabilidad,
inteligencia, profesionalismo y respeto a quien defendemos, lo demás que ocurra
es parte del mundo único, increíble e impredecible del derecho.
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