Todo abogado durante su libre ejercicio
de la profesión, se le han acercado un centenar y cuidado si no más, de
clientes o prominentes clientes, que prometen villas y castillas por tu
trabajo, que hasta juegan con tus sentimientos y construyen sobre ellos,
castillos de papel que después son derrumbados de un solo manotazo.
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Particularmente relatare una
serie de grupos de personas que a mí personalmente se me han acercado, con
ciertos perfiles ahora fáciles de identificar pero muy confusos de descubrir al
inicio de mi carrera. Son los siguientes:
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La familia: En sus distintas
modalidades y grados de consanguinidad o afinidad, al enterarse de que te has
graduado de abogado, parece que se les entrega un cupón gratis de “resuelve mi
caso” y lo llevan dentro de su cartera hasta que se presenta la oportunidad de usarlo y recuerda que esa duda de ¿ahora a quien puedo llamar? Ya la tienen
resuelta. Te entregan su situación o conflicto con la mayor ligereza, sin
preguntarte y con fe de que eres tu quien los sacara de ese problema y retornara
la felicidad a sus vidas. Pero ¿y los honorarios? Bueno pretenden anularte esa
posibilidad con frases como “Si hay que pagar algo me avisas”, “ Yo conozco otros abogados pero prefiero
darte la oportunidad a ti que estas en la familia”, “ Si me ayudas en esto, estaré
agradecido de por vida contigo y sabes que te daré algo”, ( ese algo es como si
estuviéramos pidiendo limosna familiar), “ Me dices cuando termines , cuanto
hay que pagar y yo te voy pagando poco a poco” (como si las condiciones de pago
las colocan ellos) o bueno la más evidente y poco gentil forma de contarte el
problema, solicitar tu asistencia, presentarte para resolverlo y al terminar
solo decir “ gracias”. La familia y sus cosas.
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Por supuesto se exceptúa de esta clasificación
familiar a los padres, ya que no los ayudas porque ellos te lo piden, sino
porque tu no los quieres ver envueltos en problemas a quienes te han dado la
vida, ayudado en la carrera, nunca te desampararon y hasta puede extenderse a
los hermanos y todas aquellas personas dentro de tu familia que te une a un
lazo estrecho de sentimientos y donde ellos no te piden nada, sino que tú
necesitas estar allí ayudándolos o en su defecto recomendar al mejor para que
los ayude.
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Los amigos: También al saber que tú
te has graduado de abogado, saben que ahora te llamaran a ti y les darás cierta
tranquilidad ante la necesidad de una representación y también podrás resolver
el problema a “precios económicos”, te consultan mil y un cosas con la aspiración
de que tu respondas todo y de la mejor manera, la solución a un problema
sencillo o complejo pero que bueno “no es tampoco tan grave”. Ellos te dicen
que los ayudes, que te pagaran pero al tu cobrar pudieran venir frases tan poco
amigables como: “Pero si eso fue rápido” “tú sabes que eres mi hermano, no me
vayas a cobrar tan caro” “tranquilo está bien, yo te pago cuando pueda”. Como también
se dan los casos donde puedes incluso perder una amistad cuando decides
responder con “bueno pero me tienes que pagar”. Resulta hasta ser una ofensa
grave, exponer esa frase y te ponen contra la pared al querer perder un amigo o
amiga por simplemente dinero (que a otro si se lo pagan pero como quieren una
muestra gratis te llaman a ti).
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También de forma muy casual,
aparecen esos amigos que te pagan lo que pidas y hasta se preocupan porque les
digas cuanto serán tus honorarios. Estos son amigos con moral y con la madurez para
separar amistad de trabajo. Serán para toda la vida y también se da el caso de
por la llamada amistad, aceptar la
sinceridad como pago, cuando te dicen “de verdad no tengo dinero, ni nadie que
me ayude, entonces solo me quedas tu” . No queda de otra que asumir ese caso a
tus espaldas, si es un amigo de verdad.
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Los casi clientes: Son estas
personas, llenas de habilidades de confusión, con grandes promesas de
enriquecimiento económico a futuro, con buenas estrategias de engaño, donde uno
por inocencia y hasta por ilusión de “ cobrar bien”, cae como presa fácil a la
trampa y termina siendo estafado por su propio cliente.
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Son múltiples los perfiles de
estas personas, pero siempre trabajan con la promesa de “tranquilo que en el
momento de que me paguen, te pagare seguro” “No hay problema, relájate que tus
honorarios los tendrás al finalizar el caso” “no te preocupes, ¿acaso crees que
yo no te voy a pagar a ti?” “bueno si ganamos el caso, ten por seguro que tus
honorarios estarán al otro día en tu cuenta” “Bueno al resolver la venta del
carro, o de la lavadora, o de la cocina o de los aguinaldos que por cierto es
raro que no hayan caído pero al estar disponibles en el banco, ni los toco y serán
para ti”.
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Ante estos tipos de expresiones
de “viveza” solo se pueden probar pidiendo un adelanto del 50% de los
honorarios o cualquier otra cantidad que asegure una primera etapa del trabajo
y de no darlas y pedirte que aun así trabajes para ellos, entonces se está en
presencia de una seria presunción de estafa del cliente. Toca perderse de la
vista de ellos lo más pronto.
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También hay de aquellos que te
llaman, te reúnes con ellos, te cuentan con detalles, con fotos, documentos,
cartas y demás su caso, pidiendo que le des una opinión o un formato de
documento para resolver el caso diciendo “ esto es sencillo” pero al momento de
decirles “bueno pero te cobrare los honorarios mínimos por esta consulta” ,
entonces después de ahí empiezan a que “ bueno si, pero un primo estaba por
ayudarme y no me contesto y vine contigo” “ ah bueno, está bien, es que la situación
esta crítica y quería que me dijeras tu opinión, pero bueno tranquilo yo te
llamo después, si decido hacer el trabajo contigo” o simplemente después de tu asomar
la posibilidad de cobrar, empiezan a tartamudear o milagrosamente recuerdan que
tenían una tarea en ese preciso momento y huyen despavoridos. A esos clientes
solo se puede agradecer a la vida que han huido rápido y que mejor hacerlo sin
que te deban ni un centavo.
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Finalmente estos perfiles de
clientes son de forma general, ya que de forma particular y específica, la
lista sería interminable, pero de igual forma se está expuesto a cada uno de ellos, desde el
inicio de la carrera del abogado, hasta los días donde ya se han acumulado
ciertas experiencias. Lo importante es si uno decide trabajar gratis, hacerlo
por gusto y satisfacción propia pero no hacerlo por haber sido víctima de tu
propio cliente y con lo peor que puede pasar en esos casos que es con el
bolsillo vacío.
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