Al iniciar la tan anhelada carrera de las leyes, sale a la
calle el abogado recién graduado, con su traje recién comprado, su maletín, su
laptop, y su nuevo carnet de colegiatura el famoso “INPRE”, sale a la calle
confiado gracias a los halagos de familiares y amigos, que alaban sin cesar nuevo Look profesional y
llaman “Doctor”. Parece que todo estará listo para que le lluevan clientes.
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Confiado de su nueva etiqueta de “Doctor”, al pasar algún tiempo, logra el deseo de todo
recién graduado. Consigue sus primeros “clientes”, los cuales corre a ofrecer
sus múltiples servicios jurídicos y logra pactar su primera reunión, los atiende en una oficina alquilada, un
restaurant cercano, un café o hasta una panadería. Donde así el cliente lo sugiera, allí estará
el abogado, bien trajeado.
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Llegado el día de su estreno , inicia la entrevista con su
cliente, el cual busca desesperadamente una respuesta rápida, efectiva y que le
ofrezcan la solución de todos sus problemas (incluso hasta los no jurídicos),
el abogado, se queda atento, escuchando y cuando viene su turno de hablar, se
queda en silencio, busca en su nuevo maletín, la laptop o alguna ley y posteriormente
a eso, acude a una estrategia efectiva para marear a alguien y hablar sin
decirle nada, utiliza el llamado “lenguaje técnico”. Despliega su discurso lleno de tecnicismos,
palabras en latín y definiciones legales, logra su objetivo y le da una
respuesta al cliente, posterior a eso, inventa un trámite (que pronto le
confirmara, porque parece hay una nueva ley que cambia todo) , le informa el
precio de su consulta, el cliente paga y se despiden. Esa fue la última vez que
lo vio.
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Este escenario, es de los más comunes en los recién graduados
y también en los ya con unos cuantos años de ejercicio del derecho. ¿ pero qué
le paso?, Fácil, se comió y le hicieron
creer el cuento del “Buen Traje” o el “Buen vestido” , el tener “la pinta de
doctor ”, oler bien, presentarse con buenos accesorios y tener un sitio para
reunirse, un sitio que “represente” y se le olvido lo verdaderamente importante
, se le olvido ser en realidad un Abogado verdadero, con los conocimientos
necesarios y lo suficientemente actualizados para dar respuesta real a los problemas
o sugerencias necesitadas por el cliente, ser empático con la persona que
desesperada lo busca para que la asesore, dirigirse a ella con un lenguaje
cercano y esforzarse por hacerle entender su explicación jurídica y así lograr
venderle su servicio legal como un servicio profesional, con ética, respeto y
mucha responsabilidad.
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Pero ¿este error es solo de los recién graduados? Si así lo
fuere, solo se contaría como parte de las etapas del crecimiento del abogado,
de esos tropezones necesarios para aprender, una anécdota más o uno de los
primeros pasos que enseña el libre ejercicio que debe vivir todo profesional al
momento de iniciar su carrera.
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Pero la realidad es que, NO LO ES, muchos abogados de ya
varios años de graduados, con años de experiencia, aun quieren a través de
emular formatos de abogados de series de televisión, imágenes de Instagram para
sentirse distantes de sus colegas y clientes , presentar como impresión única y
definitiva la de estar con “ el traje de doctor” y quieren fomentar la etiqueta
de un abogado con el traje correcto es el “abogado correcto” y vaya que están
equivocados y que su esfuerzo por vender imagen y no conocimientos , que
incluso muchos de ellos no logran demostrar después de ser contratados por su
imagen, es solo una de las primeras
fases para convertirse en estafador de la profesión.
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Por supuesto, que no estoy atacando el deber de un
profesional, de estar vestido acorde a su profesión y al escenario donde debe
moverse, a representarse como un abogado adecuado a su gremio y darle respeto social
a su imagen.
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Me refiero a aquellos que han olvidado lo necesario
realmente, para ser buen abogado y que menosprecian a colegas por presentarse a
un tribunal u oficina pública con una camisa manga corta, jeans o zapatos
casuales, y que sin conocerlo, lo menosprecian y fomentan en la sociedad una
especie de código de vestimenta sin fomentar un código de conducta ( de hecho
muy pocos fomentan ambos), pero no solo influyen el gremio y a los clientes, también
las instituciones públicas y privadas , han caído en la trampa de la etiqueta y
el valor del tener sin el ser y que solo
hace falta pararse al lado de una entrada de un tribunal y ver la diferencia en
la atención hacia un abogado bien trajeado y en contraposición a la atención
dada al abogado “no vestido correctamente” que recién bajado del transporte público,
venia de casi un viaje, abordar tres buses hasta llegar a esa oficina,
ensuciarse los zapatos al pasar por charcos de agua y perder el fino planchado
en su pantalón por las horas de traslado desde su casa hacia su destino.
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Un abogado verdadero,
lo es con o sin traje. Nuestra carrera se debe a la sociedad y es para ella, es
abogado hablando con el vecino y aconsejándolo, encontrándose una tarde de un
viernes en un café, arrugándose su camisa por darle el abrazo a la señora que
le agradece todo lo que hace por encontrarle la libertad a su hijo, lo es con
los zapatos un poco sucios por haber caminado rápido desde el estacionamiento
hasta el tribunal para llegar a tiempo a la audiencia, lo es incluso un poco
sudado por haber salido rápido a buscar un documento necesario para consignar
ante la secretaria de un tribunal a escasos 5 minutos de finalizar su día
laboral, Lo es siendo lo que es, un ser humano, que escogió por acierto la
carrera más bella y triste a la vez, como es el derecho y que más allá del
traje o el vestido costoso, la colonia, el teléfono de última generación y el bolígrafo
Mont Blanc.
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El verdadero abogado es aquel que hace todo lo
que este a su alcance para cumplir con lo prometido, es responsable a pesar de
las adversidades y se esfuerza por ser para después tener y lograr con sus
conocimientos el mejor representante legal que su cliente pueda contratar.
Abg. José Escalona
abgescalona@gmail.com